Home

1Dic2017

¿Qué se entiende por periodo de adaptación?

El periodo de adaptación es el intervalo de tiempo en el que un niño que está acostumbrado a unos cuidadores familiares y ambiente doméstico se adapta a un nuevo ambiente y unos nuevos cuidadores.

Las escuelas infantiles ofrecen a los niños de 3 años un calendario de adaptación progresiva a la escuela, aunque es claramente insuficiente y no se suelen tener en cuenta las características específicas de cada caso.

Proceso de adaptación a la guardería: padres felices con su bebé.

Pero ¿qué ocurre con el periodo de adaptación en el jardín maternal o guardería? En este caso depende de las características de cada proyecto y de la importancia que tanto padres como cuidadores quieran dar a este evento crucial en la vida de cualquier criatura. Se trata de la primera vez que tiene que estar fuera del ambiente que conoce y lejos de sus figuras de referencia y de apego emocional.

No deja de resultar curioso que en la escuela infantil se da por hecho que hace falta un periodo de adaptación, y sin embargo cuando son más pequeños es un tema que apenas se comenta.

Un modelo de cuidado infantil que da mucha importancia a este proceso es el colectivo de las madres de día. Estas profesionales quieren reemplazar de alguna manera el ambiente hogareño y la figura maternal para que el niño no sufra con la separación. Lo logran cuidando a los pequeños en viviendas adaptadas y con un máximo de 4 niños por cuidador (3 si hay algún bebé de pocos meses). Pero no es fácil encontrar este modelo lejos de las grandes ciudades, ni tampoco todo el mundo puede permitírselo, ya que el coste puede triplicar el de una guardería convencional.

¿Cómo afrontar el periodo de adaptación?

El periodo de adaptación es difícil de afrontar, tanto para la madre como para el bebé. La madre al menos puede racionalizar el porqué de la separación. Puede ser por motivo de incorporación al trabajo o por falta de apoyo. Es frecuente que nos sintamos agobiadas y saturadas ante las demandas de nuestros pequeños, sobre todo cuando pasamos mucho tiempo solas en casa.

El bebé, por el contrario, no puede entender racionalmente el porqué de una separación que por norma general vive como un suceso traumático. Por eso no es suficiente explicarle con palabras. Tenemos que hacer que el bebé sienta que no se le abandona allí, y la mejor forma de darle esa seguridad es con un periodo de adaptación suficiente.

¿Y qué significa “suficiente”? Significa que el bebé ha podido explorar el espacio y vincular emocionalmente con sus nuevos cuidadores antes de que su figura de referencia principal desaparezca del mapa.

En definitiva, un periodo de adaptación no siempre es posible, aunque siempre es deseable.

¿Cómo superar el periodo de adaptación?

El periodo de adaptación se supera como superamos tantas otras cosas de la vida que no nos han gustado. Pero cuidado, el cerebro de un bebé es muy inmaduro y los impactos que se reciben en la primera infancia pueden dejar una huella profunda y duradera. Conforme crezcan serán capaces de asumir de forma saludable nuevos retos para los que se sientan preparados. Lo mejor es que el ritmo lo pongan ellos en la medida de nuestras posibilidades.

Proceso de adaptación a la guardería: bebé acompañado de osito.

Como mamás y papás podemos hacer un esfuerzo para tener presencia en el periodo de adaptación. También podemos pedir ayuda a la familia ya que a veces un hermano mayor, abuelita o una persona cercana al niño puede hacer ese papel de puente entre una situación y otra.

En todo caso, si no podemos llevar a cabo una adaptación activa, al menos tenemos que intentar dejarle en las mejores manos. Es importante que pasen ese proceso con personas que comprendan sus necesidades y puedan atenderles de manera adecuada.

Como cuidadores podemos tener en cuenta las fuertes emociones que se despiertan en este proceso de adaptación y validarlas en vez de reprimirlas o ignorarlas. Debemos tener disponibilidad corporal para atender a los bebés: abrazarles, acunarles, tomarles en brazos, mirarles a los ojos… Así es mucho más fácil que se adapten antes y mejor a su nuevo contexto.

En el Jardín de las Mariposas te escuchamos y facilitamos una adaptación flexible y personalizada, dentro de nuestro espacio de aprendizaje y descubrimiento.

Contacta con nosotras para más información o cualquier duda que te surja.

¿Estás de acuerdo con el contenido de este artículo? ¿Quieres contarnos tu experiencia o darnos tu opinión sobre este tema? Estaremos encantadas de leerte…


18Jul2017

Llega el verano y con él las vacaciones, la época de desconexión, y algo más de dos meses que nuestros hijos estarán sin ir al colegio rompiendo así su rutina de aprendizaje que han llevado durante todo el curso. Muchos padres se preguntan si es conveniente que sus hijos sigan manteniendo una rutina de estudio también en esta época vacacional. En este artículo veremos las ventajas y los inconvenientes de realizar deberes en verano, así como unos consejos para llevar a cabo con nuestros hijos durante las vacaciones.

Sin repaso no hay aprendizaje

Lo primero que debemos tener claro es que si no hay repaso de lo aprendido durante el curso, al llegar septiembre el niño olvidará parte de lo estudiado. Esto lo demuestran diferentes estudios, y también es de sentido común.

Es importante que estos repasos se hagan con actividades que motiven a los niños. Un error muy común es hacer que el niño siga repasando en verano con el mismo material que ha estado haciéndolo durante todo el curso (libros de texto, fichas, cuadernillos de verano, etc). ¿Te imaginas que durante tus vacaciones tuvieras que ir a tu puesto de trabajo o realizar trabajo en casa para no perder el hábito de trabajar? Pues sí, a tus hijos tampoco les hace gracia, incluso puede ser contraproducente, desmotivante y acabará rindiendo menos durante el próximo curso. Las vacaciones de verano son para desconectar de la rutina, por lo que hay que buscar un equilibrio entre la desconexión total y un mantenimiento de lo aprendido durante el curso anterior.

“Es necesario evitarles más tareas sistemáticas, convencionales. Ni siquiera es recomendable un libro de texto maravilloso de vacaciones creado a base de realizar crucigramas, descubrir y dibujar. Es decir, no necesitan un cuaderno de vacaciones, ni de repaso o ampliación. Tampoco necesitan ir a clases de refuerzo o de idioma si lo que van a hacer es más de lo mismo. En esta cuestión soy tajante: no a los deberes del verano”.

José Blas García Pérez. Maestro y Profesor de la Universidad de Murcia.

Te invitamos a leer el blog de José Blas García.

Actividades para llevar a cabo en verano

Escuela de verano o campamentos

Hay muchas escuelas de verano o campamentos que ofrecen actividades divertidas con las que tus hijos seguirán aprendiendo, descubriendo e interesándose por el aprendizaje del mundo que le rodea. Infórmate de las ofertas en tu localidad. En San Javier ofrecemos la Escuela de Verano en el Jardín de las Mariposas, en la que tus hijos mantendrán un aprendizaje a través del juego y la experimentación.

En los viajes

Un buen momento para aprender puede ser durante un viaje en coche. Aprovecha las nuevas tecnologías no sólo para ponerle películas al niño y que se pierda todo lo que le ofrece la naturaleza. Si vas a realizar un viaje largo en coche, tu hijo puede aprender las provincias de España viajando a través de ellas con ayuda de una tablet en la que aparezca un mapa. Al cruzar un río, una montaña, etc, también es buen momento para que aprenda su nombre, su desembocadura, etc.

Un poco de educación vial no está de más. Es un buen momento para que los niños aprendan a interpretar las diferentes señales de tráfico y relacionarlas con su significado a medida que las va viendo. ¿Qué significa una señal en forma de triángulo? ¿Y un círculo? ¿Qué significa esa señal con animalitos? Para los niños es muy divertido.

En la cocina

Cocinar se puede convertir en una actividad para hacer en familia muy interesante. Aprovecha en verano para preparar la cena con ellos. Puedes hacer que pesen las cantidades de comida en la báscula, anotar los ingredientes en una lista, que hagan una lectura comprensiva de alguna receta, etc…

La lectura

Ahora que disponen de más tiempo libre puede ser le momento de motivarles por la lectura. Acude a la zona de cuentos infantiles a la librería o biblioteca y deja que elija el libro que más le guste. Es importante que el niño lea, y no solo en verano.

En la playa

Un buen lugar para desarrollar su creatividad y para aprender. Puedes hacer un castillo de arena en la orilla del mar y explicarle qué ocurrirá cuando llegue una ola. ¿Cómo está la arena cuando se moja? ¿y cuando está seca? Los niños más mayores pueden aprender el efecto de las mareas, aunque en el Mediterráneo no son muy apreciables, pero si viajáis a otras zonas, es un efecto que les sorprenderá mucho.

Por la noche

Si estás de acampada, o tienes oportunidad de acudir a un lugar al aire libre de noche, puedes enseñarle las estrellas y las constelaciones que forman. A los niños más mayores les puedes hacer que reflexionen acerca del universo, de la distancia a la que se encuentran las estrellas que ve, etc.

Juegos en casa

Juegos como el Monopoly o similares, para mejorar sus habilidades de cálculo. Además, así también pasáis un rato divertido en familia.

Conclusiones

El verano es una época que nos ofrece multitud de posibilidades: viajar, realizar acampadas, ir a la playa, nos da más tiempo para estar con nuestros hijos, etc. Aprovecha estos recursos para hacer que tu hijo siga aprendiendo de la forma que más le gusta, que descubra y que se motive. Lo que aprenda el niño estando motivado y disfrutando, es algo que no olvidará nunca. Porque no todo va a ser sentarse a realizar tediosas fichas, ¿no?


31May2017

¿Sabías que la actitud que muestras hacia tus hijos será determinante para su desarrollo, influenciándole incluso en la personalidad en su etapa de adulto? Muchas de las características psicológicas de un individuo comenzaron a moldearse ya en la infancia, es por ello que como padres, debemos ser cuidadosos con las actitudes que mostramos con nuestros hijos, para que estos se desarrollen correctamente, tanto física como psicológicamente.

En esta primera entrada del blog trataremos los tipos de apego, un tema bastante interesante y que será de gran ayuda.

El apego

¿Qué es el apego?

El apego es un intenso vínculo afectivo que permanece en el tiempo. La primera relación que se os viene a la cabeza es, lógicamente, el vínculo que desarrolla el recién nacido con su madre, incluso antes de que éste nazca. El bebé ya oye la voz de su mamá incluso cuando está en el vientre, es ahí cuando comienza esa fuerte vinculación afectiva que permanecerá durante mucho tiempo. Otras relaciones de apego pueden ser los lazos que unen al bebé con su padre, con sus hermanos, abuelos, etc. Este vínculo es imprescindible para un correcto desarrollo emocional y social.

Pero, ¿es siempre este vínculo bueno? Este vínculo afectivo puede tener diferentes características. Hay casos en los que los vínculos son muy pobres, o de muy mala calidad, por lo que afectará al sentido de identidad y a la autoestima del niño. Más adelante veremos los tipos de apego que existen, donde se podrán ver claramente las diferencias entre unos y otros.

¿Para qué sirve el apego?

Este vínculo afectivo es un mecanismo de supervivencia. Gracias a él, el bebé puede explorar el ambiente que le rodea -gracias a que su mamá está cerca, se atreve a gatear hasta el cajón de los juguetes-, interactuar con otras personas -como está en brazos de papá, le da un beso a su tío-, fomenta la sociabilidad, la empatía, la autoestima y la identidad. Cuando se pierde la figura de apego, aunque sea momentáneamente, se genera ansiedad, vómitos, llanto, rechazo de la comida -¿quién no ha visto a su hijo pasarlo mal durante los primeros días de colegio?-. Esto es algo completamente normal, lo único que el niño tiene que acabar aprendiendo que esa separación con su figura de apego no será permanente, sino que será temporal.

Estilos de apego

La psicóloga Mary Ainsworth (1913-1999), desarrolló un experimento llamado “La Situación Extraña” con el objetivo de observar las relaciones de apego entre los padres y su hijo. Gracias a sus observaciones, se lograron clasificar distintos tipos de apego, ampliando así las aportaciones de John Bowlby (1907-1990).

El apego seguro

El 65 % de los bebés muestra apego seguro. En presencia de la figura de apego (madre, padre o cuidador habitual), explora de manera activa su entorno, jugando, gateando, etc. En ausencia del progenitor cesa la exploración y el bebé muestra su inquietud y nerviosismo. Cuando el progenitor regresa, el bebé lo recibe con alegría y afecto, intentando buscar el contacto físico antes de continuar explorando su entorno. Estos bebés son sociables con extraños y lloran poco mientras que su figura de apego está presente. Se adaptan rápido a la escuela.

Sus padres suelen ser emocionalmente accesibles, sensibles y protectores, atienden al niño cuando lo necesita. Muchas veces habréis oído aquello de “no cojas al niño en brazos que lo malcrías”, pues hace décadas que esa afirmación quedó en entredicho. Si quieres que tu hijo tenga un apego seguro, lo más aconsejable es cogerlo a demanda, atenderle sus necesidades emocionales y afectivas, y calmarle cuando tenga una necesidad, la cual la mostrará en forma de llanto.

En un futuro, estos bebés aumentarán su curiosidad, mejorarán las relaciones con sus compañeros, serán más capaces en la resolución de problemas, etc. Tendrán mejores capacidades sociales, intelectuales, serán más tolerantes, mejor autoestima y autoconfianza, lo cual les permitirá establecer relaciones satisfactorias.

Apego evitativo

El 20 % de los bebés muestra este estilo de apego. Estos bebés se muestran muy independientes, exploran el entorno sin utilizar a su madre como punto de apoyo, pues la ignoran. Cuando la madre se va, los bebés apenas lo notan, no lloran y no la echan de menos. Cuando la figura de apego regresa, no muestran ningún afecto, incluso la evitan y lloran en sus brazos.

Esta conducta se explica por la anestesia emocional. Como los niños habían sufrido demasiados rechazos por parte de su figura de apego en el pasado, intentaban negar la necesidad que tenían con su madre para evitar frustraciones. De modo que, al regresar la madre junto a ellos, la rechazaban, negando cualquier afecto hacia ella.

Los padres de estos niños no suelen vigilar sus necesidades, son intolerantes, maltratadores, indiferentes… El niño se desapega para no ser herido.

En la etapa adulta, los niños que hayan desarrollado un apego evitativo piensan que no merecen afecto. En lugar de buscar el cariño de otros, mantienen una actitud desafiante, desconfiando de los demás. Niegan las situaciones estresantes, son más vulnerables a padecer ansiedad, tienen pocos recursos para afrontar el estrés, tienden a hundirse, somatizan sus estados mentales y tienen mayor predisposición a padecer depresión.

Apego ambivalente

Aparece en el 10 % de los bebés. Los niños se mantienen cerca de su figura de apego, y apenas exploran el entorno mientras está presente. Muestran un gran miedo a la separación y cuando su madre se marcha, se abrazan a ella y lloran intensamente. Cuando la madre regresa, la respuesta del bebé es ambivalente: permanece cerca, pero no muestran contacto físico y se sienten molestos por el abandono. Con las personas extrañas son cautelosos, incluso en presencia de la figura de apego.

Los padres de estos bebés tienen un patrón de conducta contradictoria. Se muestran cálidos y sensibles en ocasiones, y en otras inaccesibles, fríos e insensibles. Esto produce una inseguridad al niño.

Los niños que adquieren este estilo de apego suelen ser niños dependientes, inmaduros, y tardan más tiempo en conseguir sus tareas evolutivas. No se siente lo suficientemente querido, lo que influye negativamente en su autoestima y autoconcepto.

Es muy probable que adquieran determinadas fobias en un futuro. Son personas con sentimientos de culpa, necesitan muestras de afecto, etc.

Nuestras consideraciones

En nuestro espacio de aprendizaje ofrecemos un periodo de adaptación respetuoso con el niño y con las familias, pudiendo permanecer un adulto acompañando al menor hasta su adaptación, siempre que la familia pueda.

Los niños podrán disponer de la presencia de su figura de apego para conocernos, conocer el espacio y los materiales hasta crear un vínculo con las educadoras y poder así disfrutar y experimentar en nuestro centro sin necesidad de crearles angustia e inseguridad en la separación, favoreciendo el bienestar de las familias y lo más importante, de los pequeños.

En Jardín de las Mariposas se acompañan las emociones del niño, sobre todo en las que necesitan de un acompañamiento más cercano y especial donde sentirse arropados, queridos y apoyados por sus cuidadoras, no dejamos llorar a los pequeños, aquí se les coge en brazos, se les abraza y mima como ellos necesitan.

Consejos finales

Como se ha demostrado en numerosas investigaciones, la actitud de los padres será determinante en el desarrollo de sus hijos. Es importante que los padres intenten:

  • Dar seguridad y confianza.
  • Responder a las necesidades del niño.
  • Abrazarle y mostrarle cariño, tiempo, dedicación, juego, etc.
  • Entender y empatizar con el niño.