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31May2017

¿Sabías que la actitud que muestras hacia tus hijos será determinante para su desarrollo, influenciándole incluso en la personalidad en su etapa de adulto? Muchas de las características psicológicas de un individuo comenzaron a moldearse ya en la infancia, es por ello que como padres, debemos ser cuidadosos con las actitudes que mostramos con nuestros hijos, para que estos se desarrollen correctamente, tanto física como psicológicamente.

En esta primera entrada del blog trataremos los tipos de apego, un tema bastante interesante y que será de gran ayuda.

El apego

¿Qué es el apego?

El apego es un intenso vínculo afectivo que permanece en el tiempo. La primera relación que se os viene a la cabeza es, lógicamente, el vínculo que desarrolla el recién nacido con su madre, incluso antes de que éste nazca. El bebé ya oye la voz de su mamá incluso cuando está en el vientre, es ahí cuando comienza esa fuerte vinculación afectiva que permanecerá durante mucho tiempo. Otras relaciones de apego pueden ser los lazos que unen al bebé con su padre, con sus hermanos, abuelos, etc. Este vínculo es imprescindible para un correcto desarrollo emocional y social.

Pero, ¿es siempre este vínculo bueno? Este vínculo afectivo puede tener diferentes características. Hay casos en los que los vínculos son muy pobres, o de muy mala calidad, por lo que afectará al sentido de identidad y a la autoestima del niño. Más adelante veremos los tipos de apego que existen, donde se podrán ver claramente las diferencias entre unos y otros.

¿Para qué sirve el apego?

Este vínculo afectivo es un mecanismo de supervivencia. Gracias a él, el bebé puede explorar el ambiente que le rodea -gracias a que su mamá está cerca, se atreve a gatear hasta el cajón de los juguetes-, interactuar con otras personas -como está en brazos de papá, le da un beso a su tío-, fomenta la sociabilidad, la empatía, la autoestima y la identidad. Cuando se pierde la figura de apego, aunque sea momentáneamente, se genera ansiedad, vómitos, llanto, rechazo de la comida -¿quién no ha visto a su hijo pasarlo mal durante los primeros días de colegio?-. Esto es algo completamente normal, lo único que el niño tiene que acabar aprendiendo que esa separación con su figura de apego no será permanente, sino que será temporal.

Estilos de apego

La psicóloga Mary Ainsworth (1913-1999), desarrolló un experimento llamado “La Situación Extraña” con el objetivo de observar las relaciones de apego entre los padres y su hijo. Gracias a sus observaciones, se lograron clasificar distintos tipos de apego, ampliando así las aportaciones de John Bowlby (1907-1990).

El apego seguro

El 65 % de los bebés muestra apego seguro. En presencia de la figura de apego (madre, padre o cuidador habitual), explora de manera activa su entorno, jugando, gateando, etc. En ausencia del progenitor cesa la exploración y el bebé muestra su inquietud y nerviosismo. Cuando el progenitor regresa, el bebé lo recibe con alegría y afecto, intentando buscar el contacto físico antes de continuar explorando su entorno. Estos bebés son sociables con extraños y lloran poco mientras que su figura de apego está presente. Se adaptan rápido a la escuela.

Sus padres suelen ser emocionalmente accesibles, sensibles y protectores, atienden al niño cuando lo necesita. Muchas veces habréis oído aquello de “no cojas al niño en brazos que lo malcrías”, pues hace décadas que esa afirmación quedó en entredicho. Si quieres que tu hijo tenga un apego seguro, lo más aconsejable es cogerlo a demanda, atenderle sus necesidades emocionales y afectivas, y calmarle cuando tenga una necesidad, la cual la mostrará en forma de llanto.

En un futuro, estos bebés aumentarán su curiosidad, mejorarán las relaciones con sus compañeros, serán más capaces en la resolución de problemas, etc. Tendrán mejores capacidades sociales, intelectuales, serán más tolerantes, mejor autoestima y autoconfianza, lo cual les permitirá establecer relaciones satisfactorias.

Apego evitativo

El 20 % de los bebés muestra este estilo de apego. Estos bebés se muestran muy independientes, exploran el entorno sin utilizar a su madre como punto de apoyo, pues la ignoran. Cuando la madre se va, los bebés apenas lo notan, no lloran y no la echan de menos. Cuando la figura de apego regresa, no muestran ningún afecto, incluso la evitan y lloran en sus brazos.

Esta conducta se explica por la anestesia emocional. Como los niños habían sufrido demasiados rechazos por parte de su figura de apego en el pasado, intentaban negar la necesidad que tenían con su madre para evitar frustraciones. De modo que, al regresar la madre junto a ellos, la rechazaban, negando cualquier afecto hacia ella.

Los padres de estos niños no suelen vigilar sus necesidades, son intolerantes, maltratadores, indiferentes… El niño se desapega para no ser herido.

En la etapa adulta, los niños que hayan desarrollado un apego evitativo piensan que no merecen afecto. En lugar de buscar el cariño de otros, mantienen una actitud desafiante, desconfiando de los demás. Niegan las situaciones estresantes, son más vulnerables a padecer ansiedad, tienen pocos recursos para afrontar el estrés, tienden a hundirse, somatizan sus estados mentales y tienen mayor predisposición a padecer depresión.

Apego ambivalente

Aparece en el 10 % de los bebés. Los niños se mantienen cerca de su figura de apego, y apenas exploran el entorno mientras está presente. Muestran un gran miedo a la separación y cuando su madre se marcha, se abrazan a ella y lloran intensamente. Cuando la madre regresa, la respuesta del bebé es ambivalente: permanece cerca, pero no muestran contacto físico y se sienten molestos por el abandono. Con las personas extrañas son cautelosos, incluso en presencia de la figura de apego.

Los padres de estos bebés tienen un patrón de conducta contradictoria. Se muestran cálidos y sensibles en ocasiones, y en otras inaccesibles, fríos e insensibles. Esto produce una inseguridad al niño.

Los niños que adquieren este estilo de apego suelen ser niños dependientes, inmaduros, y tardan más tiempo en conseguir sus tareas evolutivas. No se siente lo suficientemente querido, lo que influye negativamente en su autoestima y autoconcepto.

Es muy probable que adquieran determinadas fobias en un futuro. Son personas con sentimientos de culpa, necesitan muestras de afecto, etc.

Nuestras consideraciones

En nuestro espacio de aprendizaje ofrecemos un periodo de adaptación respetuoso con el niño y con las familias, pudiendo permanecer un adulto acompañando al menor hasta su adaptación, siempre que la familia pueda.

Los niños podrán disponer de la presencia de su figura de apego para conocernos, conocer el espacio y los materiales hasta crear un vínculo con las educadoras y poder así disfrutar y experimentar en nuestro centro sin necesidad de crearles angustia e inseguridad en la separación, favoreciendo el bienestar de las familias y lo más importante, de los pequeños.

En Jardín de las Mariposas se acompañan las emociones del niño, sobre todo en las que necesitan de un acompañamiento más cercano y especial donde sentirse arropados, queridos y apoyados por sus cuidadoras, no dejamos llorar a los pequeños, aquí se les coge en brazos, se les abraza y mima como ellos necesitan.

Consejos finales

Como se ha demostrado en numerosas investigaciones, la actitud de los padres será determinante en el desarrollo de sus hijos. Es importante que los padres intenten:

  • Dar seguridad y confianza.
  • Responder a las necesidades del niño.
  • Abrazarle y mostrarle cariño, tiempo, dedicación, juego, etc.
  • Entender y empatizar con el niño.

 

 

Graduado en Psicología por la UNED, colaborador en www.jardinmariposas.com, donde escribo con ilusión y con el objetivo de concienciar sobre una nueva forma de educación.